La burbuja del AVE. Isaac Rosa

De pronto la burbuja del AVE nos ha estallado en la cara, como antes la burbuja inmobiliaria, la burbuja financiera, la burbuja del euro o la burbuja de la corrupción; una nueva pompa de jabón revienta ante nosotros en este caso es especialmente dolorosa para nuestra autoestima como país, porque el AVE era la joya de la corona, motivo de orgullo. Supone en el extranjero la marca España, lo grande, el amor a la modernidad, el progreso, el futuro.

La velocidad alcanzada por todo un país. De pronto se nos acumulan las noticias sobre sobrecostes, irregularidades, presupuestos inasumibles, obras paralizadas, túneles fallidos abandonados, previsiones incumplidas, chapuzas, prisas, fallos de seguridad. De pronto nos enteramos de que el AVE tal como estaba planteado, era un despropósito, un proyecto abocado al fracaso, una locura de decenas de miles de millones que nunca se recuperarían.

De pronto a todos les parece evidente. Algunos nos dimos cuenta antes, cuando vimos que era una locura la promesa de llevar el AVE a todas las capitales de provincia, cuando vimos que la orografía montañosa de España encarecía cada kilómetro a golpe de túneles imposibles y viaductos descomunales, cuando vimos que no había población suficiente para un transporte que exige un uso intensivo masivo, tal como si entienden otros países que reservaron el AVE para sólo uno o dos corredores ferroviarios.

De pronto todo parece evidente, obsceno, las cantidades invertidas en los sobrecostes pagados, el empeño de políticos por llevar el AVE a sus regiones, el destrozo ambiental, la falta de ocupación, las estaciones en medio de ninguna parte, el mapa de España lleno de trazados hasta el último rincón que ahora toca detener aunque estén a medio hacer. Cómo estuvimos tan ciegos, nos preguntamos tras el derrumbe, pero no, no todos estábamos ciegos, algunos, muchos si lo vieron con cada noticia que aparece estos días sobre la alta velocidad. Yo me acuerdo de quiénes y lo vieron entonces, hace diez, veinte años, quienes dijeron entonces que era una locura condenada al fracaso, quienes alertaron de lo inasumible del daño ambiental, quienes dijeron no al AVE y sí al tren y pidieron dejar a un lado la carísima alta velocidad y a cambio modernizar la red con trenes a la velocidad que circulan en otros países, no a los trescientos cincuenta kilómetros por hora del Ave, pero sí a unos razonables doscientos kilómetros por hora.

Me acuerdo de concejales que dijeron no al AVE mientras la mayoría de sus vecinos se manifestaban por tener estación en su pueblo y además con vías soterradas. Me acuerdo de dirigentes políticos de partidos minoritarios que rechazaron el AVE, aunque ese rechazo equivalía condenarse a la marginalidad, a la burla, en tiempos de entusiasmo por la alta velocidad. Cuando no pedir una estación en tu ciudad equivalía a no hacerse querer, aducirse a perder el tren del futuro. Me acuerdo de ingenieros, de catedráticos, de expertos en obras públicas, en transporte, que criticaron el modelo español de alta velocidad, que propusieron alternativas más viables y que anticiparon todo lo que ha acabado ocurriendo. Me acuerdo de organizaciones ecologistas, plataformas vecinales, coordinadoras, sindicatos, colectivos de todo tipo que durante años firmaron manifiestos, pusieron denuncias, se manifestaron sabiendo que eran pocos, que eran vistos como aguafiestas. Yo les recomiendo, como un ejemplo, que busquen en Internet un manifiesto que muchos de estos colectivos firmaron hace casi quince años, se titulaba “Tren sí, AVE no”, fue lanzado en plena fiesta y apenas recibieron atención. Su voz de aguafiestas no se oía bajo el jolgorio nacional. Búsquenlo, no ya como ejemplo, sino para que vean como el tiempo les ha dado trágicamente la razón, como ese hay muchos otros manifiestos y artículos y libros de aquellos años.

Puede parecer que ya es tarde para escucharlos, pero no sus razones de entonces ya que son hoy más válidas que nunca. Y si no sirven para evitar el desastre, sí que son útiles para pedir responsabilidades a quienes nos han subido a este tren que ahora descarrila. Buenas noches.

Ver el tuit en Twitter

Escuchar audio en la Cadena Ser

Manifiesto !Tren sí, AVE no! del año 2001, siempre actual.

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